La "Paz Fría" en Risaralda: Por qué la Seguridad Humana exige romper el silencio Por: Eduardo Patiño Horta
La "Paz Fría" en Risaralda: Por qué la Seguridad Humana exige romper el silencio
Por: Eduardo Patiño Horta
Risaralda atraviesa una crisis de seguridad que no es pasajera. Es estructural y, sobre todo, cíclica. Mientras la narrativa oficial intenta sostener la imagen de una "región pacificada", los datos cuentan una historia distinta: con 36 homicidios por cada 100.000 habitantes, nuestro departamento supera con creces el promedio nacional de 21.
No estamos ante una racha de mala suerte, sino ante un patrón de violencia sistemática que ha tenido picos críticos desde 1974 y que hoy vuelve a amenazar nuestra tranquilidad.
Los tres pilares de la inestabilidad
Para solucionar el problema, primero debemos entender qué lo alimenta. El análisis realizado junto al Observatorio Cepaz identifica tres causas raíz:
- La Cultura del Sicariato: Una herencia dolorosa de los años 80 que profesionalizó el homicidio en nuestra región.
- Economía Ilícita y Lavado: La preocupante convivencia entre el lavado de activos —visible en el sector construcción de zonas como Dosquebradas— y las estructuras criminales.
- El "Apagón" de Información: No podemos intervenir lo que no conocemos. La falta de estadísticas desglosadas por barrios impide que el Estado actúe con precisión donde más se necesita.
Dos geografías, dos violencias
Risaralda no es uniforme, y su inseguridad tampoco lo es. Debemos diferenciar para vencer:
- En el Occidente: Una violencia rural y paramilitar marcada por el control territorial.
- En el Área Metropolitana (Pereira-Dosquebradas-La Virginia): Una violencia urbana de "outsourcing", ligada al microtráfico y el sicariato.
Propuesta: De la "Paz Fría" a la Paz Estructural
La seguridad no se logra solo con botas en la calle; se logra con presencia del Estado en el tejido social. Nuestra propuesta de Política Territorial de Paz se basa en:
- Barrios de Paz (Decreto 1470 de 2024): Mejoramiento integral y titulación de predios en sectores segregados como la Comuna 8 de Pereira. Si el Estado formaliza el barrio, le quita control social a las bandas.
- Inversión Social Tecnológica: Arrebatarle la juventud al sicariato ofreciendo formación en electrónica, artes y música. El talento de nuestros jóvenes es el mejor antídoto contra el reclutamiento.
- Auditoría al Lavado: Cortar el flujo de dinero ilícito vigilando el capital que entra al sector construcción. Sin oxígeno financiero, la delincuencia se asfixia.
Conclusión
El reto para Risaralda es pasar de una "paz fría" —esa ausencia temporal de disparos que oculta un miedo latente— a una paz basada en la legalidad y la seguridad humana. No habrá paz real mientras el desarrollo inmobiliario ilegal y la marginalidad barrial sigan alimentándose mutuamente.
Es hora de una política de paz que reconozca la realidad del territorio.

Comentarios
Publicar un comentario